17 sept. 2012

Fernández Clérigo, Luis


LUIS FERNÁNDEZ CLÉRIGO
             Nacido en Madrid en 1883. Jurista de formación, experto entre otros campos en derecho hipotecario, alcanzó la magistratura en el Tribunal Supremo. Fue elegido diputado por Acción Republicana en 1931 por la circunscripción de la provincia de Madrid. Participó en muchos debates internos acerca de la orientación del ideal republicano. Por ejemplo en la cuestión catalana, donde compartía el interés autonomista de Azaña, Luis Bello o Carlos Esplá, frente a las reticencias de otros como Honorato de Castro o Gabriel Franco. Eso sí, como experto en la materia con reservas hacia el proceso descentralizador en materia de justicia. Si bien IR, como partido y minoría parlamentaria, apoyó éste cambio crucial. En las constituyentes integró activamente la comisión de justicia, presentando numerosas enmiendas al proyecto constitucional, en especial a los artículos, 95-99. En 1933 mantuvo una postura moderada, en un ambiente general de la izquierda republicana muy hostil a Lerroux. Así se impuso el criterio de la Juventud de AR en el congreso de septiembre, frente a diputados como Pedro Rico y Clérigo, proclives un entendimiento inicial. Tras el paréntesis de la segunda legislatura volvió a las Cortes en 1936 con la candidatura de Izquierda Republicana. Paralelamente a la abogacía dedicó tiempo a la escritura de textos de crítica legal y de humanidades. Entre sus obras pueden citarse ediciones críticas de El Príncipe de Maquiavelo o del Elogio de la locura de Erasmo, Estudio sobre el derecho de familia en la legislación comparada, Petrarca y Miguel Ángel  (1947) o Aspectos de Quevedo (1947).
Ocupó posiciones relevantes como la subsecretaría del Consejo de Ministros, siendo elegido Vicepresidente de las Cortes tras la victoria de las listas del Frente popular en 1936. En la reunión de la Diputación Permanente de París (31-3 y1-4-1939) se encontró ante una posición incómoda. La confusión de la derrota, la dimisión de Azaña, le dejaba como segundo en la línea de ‘sucesión’ a la jefatura del Estado tras Martínez Barrio, un cargo que no ambicionaba. El vacío institucional, la interinidad dejaban espacio al conflicto. De un lado por el convulso final, la idea de resistencia y la herida ‘casadista’. De otro, por la crisis de liderazgo. En una misiva  a Azaña (3-VII-1939) se dolía de la pasividad de IR, de las ‘procacidades’ de Negrín, molesto con el ‘control’ parlamentario y de las ‘coces’ de Pasionaria. En junio de 1939, como cabeza de la Diputación Permanente en funciones inició gestiones para la evacuación de diputados de Francia, delegando en Prieto, con las conocidas repercusiones. En el fondo, pidiendo el traslado a América de los residuos institucionales y el control mediante JARE de la ayuda, en clara competencia con  Negrín, su voluntad de permanencia política y el modelo de subsidios fijos del SERE. En 1940 formó parte del cortejo fúnebre del ex mandatario alcalaíno en Mountaban. En México, en el Salón de Cabildos de la plaza del Zócalo (17-VIII-1945), durante la jura de Martínez Barrio como Presidente de la República en el exilio ejerció como presidente en funciones de las Cortes (asistieron 96 diputados y se recibieron 34 adhesiones). En ese momento crucial se alineaba con la sensibilidad negrinista, aunque aceptó la validez del proceso de elección del gobierno Giral. A pesar de estas controversias, fue descrito por José Ignacio Mantecón por su afabilidad. Su hijo Pepe Alameda fue crítico taurino en el país azteca. Ambos compartían afición como demuestra la anecdótica colaboración del diestro Chicuelo con AR de Sevilla. Aunque parezca anecdótico, la tauromaquia fue un importante espacio de sociabilidad y de conexión con la sociedad de acogida. En México se sumó a la Unión Democrática Española de filiación negrinista en la que figuraban personalidades como Antonio Velao (IR) o Ramón Lamoneda (Círculo Jaime Vera, PSOE). Para Prieto suponía una mera correa de transmisión del unitarismo del PCE. Esa animadversión se reflejó a menudo,  por ejemplo en el acto de apoyo al presidente Ávila que reunía a refugiados y colonia española (XII-1941), tras el que Clérigo y sus afines publicaron un duro manifiesto que intentaba deslegitimar a JARE. La división provocada en IR en México (Ateneo Salmerón), no se concilió hasta el 2 mayo de 1948, sin que ya tuviese ocasión de vivirla.
Fuentes:
“Carta de Diego Martínez Barrio a Luis Fernández Clérigo”, México (22-I-1941). Archivo Carlos Esplá. 9.14.
GASPAR SOLER, Vicente; FERNÁNDEZ CLÉRIGO, Luis y VELAO OÑATE, Antonio: Una Asamblea Republicana: sus consecuencias políticas, Problemas del Presente, México 1941, Archivo Fundación Pablo Iglesias, Monografías.
VÁZQUEZ HUMASQUE, Adolfo: “Luis Fernández Clérigo”, Izquierda  Republicana, 39 (10-VI-1948), p.6.
PC

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario